Dos voces dan testimonio tras unirse al tejido, sangre de mi sangre en Ciudad de México. Una con apenas un mes, otra con un año.
Comenzamos a tejer el 20 de julio de 2025, éramos dos personas un kilo de rafia y una madeja de estambre. No teníamos fichas, no teníamos tejido para exhibir. Teníamos miedo y rabia. Un año y dos meses después, por las banquetas de la Glorieta de las y los desaparecidos de la CDMX han pasado cientos de personas a tejer con nosotras, de entre ellas, dos nos comparten su crónica, a un mes, a un año de haberse unido.
Renata – estudiante de universidad
Llevo apenas un mes yendo a las tejidas en Reforma, pero siento que ese rato los domingos me acomodó algo por dentro que ni sabía que traía desordenado.
Al principio no sabía muy bien a qué iba. Conocía el proyecto de Sangre de mi Sangre de la Colectiva Hilos, sabía que ese mar de tejido rojo enorme que van armando entre muchísimas personas es una metáfora muy intensa del derramamiento de sangre, de los feminicidios y de las desapariciones que nos duelen todos los días en este país. Pero una cosa es ver la foto en redes y otra muy distinta es sentarte ahí, agarrar la rafia roja, la aguja o las manos, y ponerte a tejer.
La verdad, yo ya estaba consciente de todo lo que pasa. No me hacía falta que me explicaran las cifras ni la gravedad del problema porque es algo con lo que convivimos diario. Pero cuando estás ahí en Reforma, con el ruido de la ciudad de fondo, rodeada de gente que está en la misma sintonía, la conversación cambia. Ya no se siente como esa noticia lejana que ves en el celular mientras caminas al trabajo o esa tragedia que te paraliza del miedo y te hace querer cerrar los ojos.
Estar ahí teje algo distinto: teje empatía real. Hace que el dolor de los demás no se sienta como algo que pasa de manera lejana, sino como algo que nos atraviesa a todas. Te da un espacio súper seguro donde puedes procesar la rabia, la impotencia o el cansancio de vivir en un país así, pero sin sentirte sola en la angustia. Es como si al enredar y cruzar el hilo rojo le estuvieras dando forma a todo eso que no cabe en palabras.
Apenas llevo un mes, pero estar en las tejidas se ha vuelto mi manera de conectar, de acuerpar y de no volverme apática. Porque tejer juntas no borra la violencia, pero nos recuerda que no estamos desamparadas, que hay una red sosteniéndonos y que cada nudo que hacemos es un aquí estamos y no nos vamos a olvidar de nadie.
-Ren
Ana María – paseante y habitante de la CDMX
Por mediados de septiembre del 2025 la compañera Rosalía Flores Mateos, del Taller de Relatos de Azcapotzalco, (que se realizaba en ese tiempo en la Biblioteca Fray Biblioteca Fray Bartolomé de las Casas en Azcapotzalco), nos invitó a una representación que realizaría sobre Gertrudis Bocanegra en el Museo Casa de Carranza ubicado cerca del Paseo de la Reforma. La representación de Gertrudis Bocanegra, por parte de Rosalía me dejó pensando sobre la vida de esta mujer, y quise caminar un rato sobre Reforma para tratar de reflexionar un poco al respecto.
En esa época, estaba la exposición de nopales decorados sobre la acera, y que en enero del 2026 se colocó en el Zócalo capitalino. Mi mente empezó a ver los detalles de estos nopales decorados con diferentes temas, me dediqué entonces en buscar el nombre del autor y su lugar de origen, al caminar, me encontré un grupo de personas tejiendo. Así conozco al grupo de “sangre de mi sangre”.
No sé por qué me atreví a preguntar que tejían, ahí en el Paseo de la Reforma, sentadas sobre un tejido rojo. El grupo me llamó la atención por la edad de sus participantes y el entusiasmo de la persona que me contestó y me invitó a tejer, mientras me informaba por qué estaban en ese lugar. Al decir que no llevaba mi gancho, un joven me prestó el suyo, no había excusa: podía tejer con un propósito y no solo por hacer una blusa o bufanda que me gustara. Me olvidé de la exposición de los nopales y recordé la lucha de Gertrudis Bocanegra, creo que esta es una forma de lucha, en otros tiempos, de otra forma. Es hacer algo que te gusta y darle un sentido social.
Conocer el objetivo de Sangre de mi sangre, me recordó algo presente en todo el Paseo de la Reforma: fotos, anti monumentos, plantones permanentes de familiares de personas desaparecidas en todo México. El lugar donde se ubican es estratégico ya que en las placas que protegen la que llamábamos Glorieta del Ahuehuete, antes Glorieta de la Palma, se encuentran miles fotos de las fichas de desaparición, de todas estas personas.
Hace algunos años me pidieron servir de guía a un coreano que estaría de visita en la ciudad de México un par de días. Su hotel estaba cercano al Ángel de la Independencia, así que fui a buscarlo para llevarlo a conocer un poco la ciudad, inicialmente fuimos rumbo a Chapultepec, de ahí nos dirigimos al Zócalo, así que volvimos a recorrer parte importante del Paseo de Reforma, llegamos al lugar donde se manifestaban los familiares de “los 43”; fue difícil explicar a un extranjero, cómo estos jóvenes fueron desaparecidos, al tratar de manifestarse por la muerte de otros jóvenes por el mismo Estado mexicano, muchos años atrás, en 1968; es algo que ni yo misma entiendo y motiva mi disgusto por lo que pasa en el país.
Hoy sin querer, sin pretenderlo, ya no doy explicaciones sobre el por qué de los plantones, soy parte de una de estas “manifestaciones” que busca que el gobierno federal y estatal, siempre tenga presente su falta de empatía en atender estos casos.
Mientras tejemos observamos pasar las diferentes manifestaciones, cada una siguiendo un objetivo diferente, unas en forma pacífica y otras un poco más agresivas, estas últimas a su paso dejan cristales rotos, lo que ocasiona que muchos edificios cubran con maderas tratando de proteger los negocios que se encuentran en ellos. Alrededor de la Glorieta de las y los desaparecidos hay vallas, y en las laterales de Reforma hay otras estructuras con más fichas de personas desaparecidas. En algún momento estuvieron dañadas, y las que tejemos tratamos de protegerlos, de cubrirlos con nuestro tejido, que se vea que hay alguien al pendiente.
Mientras unas personas tejen, otras dan informes de nuestras actividades y se invita a participar. Algunas personas preguntan y tienen empatía por el proyecto, pueden ser mexicanos, extranjeros. Todos saben lo que pasa en el país, que visitan o ya habitan, pero solo les gusta caminar sobre Reforma como yo antaño.

Un domingo me recibieron con una emotiva noticia: las familias estaban presentes. Supieron de los daños en las estructuras con las fotos de sus familiares en las manifestaciones de diciembre del año pasado, aunque ya presentaban daños anteriormente, así que decidieron volver a colocarlas.
Eso fue tan sorpresivo, que inicialmente no supe cómo hablarles, preguntarles quiénes eran sus familiares, ¿cómo pasó? Sin embargo, están acostumbrados a contar su historia y que nadie les resuelva sus dudas.
Mientras esperaban a una persona con las herramientas que facilitarían quitar lo dañado y después colocar las nuevas láminas con las fotos, las dañadas fueron colocadas en el suelo. Al observar las fotos completas, noté que algunas tenían ya un moño negro, me sorprendió ver la fecha de algunas de las fichas. Eran tan distantes unas de otras, hay fotos en blanco y negro y otras a color, personas jóvenes, personas mayores, la edad no importa en estos casos, sólo que sus familiares no saben que pasó con ello(a)s desde hace mucho tiempo.
Poco a poco nos fuimos presentando, los familiares fueron conociendo al grupo y participaron en nuestro tejido. Fue un gran encuentro no planeado, pero sí esperado, queríamos que supieran que ahí estamos tejiendo… siempre tejiendo. Las historias se compartieron, se escucharon, se creó una complicidad con estas familias que vienen de lejos y hoy ya saben que alguien cuenta su historia y trata de cuidar aquello que representa su lucha.
Fue un día emotivo: las causas se juntan, los intereses se unifican. No es sólo por solidaridad los grupos, se conocieron se identificaron y convivieron. Es un triunfo relativo, porque no se resuelve nada y la policía solo nos vigila como si fuéramos los culpables no la consecuencia de su falta de interés sobre el tema.
– Ana María
Tejemos todos los domingos, de 10 de la mañana a 2 de la tarde. No necesitas traer material, saber tejer o ser víctima directa de una violencia. Tu rabia, tu curiosidad son suficientes. Únete al tejido.

Sangre de mi sangre CDMX
Tejemos en las calles de la #cdmx como manifestación y metáfora del derramamiento de sangre a causa de feminicidios y desapariciones en 🇲🇽
Nos reunimos en la Glorieta de las y los Desaparecidos y en el Kiosko de Coyoacán, los domingos de 11 a 14 hrs.
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